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El alma del Carrusel

Década de 1970.

Provincia de Buenos Aires.

El letargo invernal  llega a su fin.

                 La arbolada plazoleta – una ebullición de verdor con una forestación añosa-  combina tupidas y elegantes palmeras con sus anchas manos y puntiagudos dedos, frondas de helechos que levantan sus puntas – cual si fuesen pequeños puños cerrados – entre las sombras y altos eucaliptos con estriadas hojas colgantes. Las primeras frágiles flores de la primavera  relucen como arrecifes de coral, prestas a embalsamar el ambiente con las suaves y delicadas fragancias que guardan en sus corazones.

                Abril, observadora nata, a los ocho años de su primerísima infancia, pasea con sus padres; con la mano pegada a la ventanilla del autobús, se siente atraída -con un silencio prudente y contemplativo – por un centenario carrusel,  un amor inmediato que recordará con nitidez a lo largo de su vida, una huella indeleble…

Abril

               

                Una taciturna gata blanca camina escoltada por dos perros callejeros color miel, que bordean un lago artificial, brillante como pinceladas de esmeralda líquida bajo el Sol.

                Un grupo de encantadores niños juega en la vereda a las canicas al abrigo del bullicio.

                Un hombre joven con centelleantes ojos azules- alto, buen mozo- alimenta  palomas con granos de maíz mientras prepara sus herramientas  para que el fulgurante Carrusel  Sonechko –Solcito – luzca espléndido y sea abrazado por el público infantil que teje dicho universo… animales pintorescos soñados… galopantes corceles, esbeltas y pecosas jirafas, tiernos ciervos, leones despeinados por el viento y sus poderosos rivales- ambos guardando distancia entre sí- los gigantes y cautelosos elefantes-.

                Días más tarde…

                 Sonechko  evoca en su diseño – con todo el esplendor de una obra maestra de alto impacto- un Sol laminado en oro con potentes rayos dorados,  en honor al prestigioso escritor ucranio Myjailo Kotsiubynsky, llamado Adorador del Sol, cuyas antologías y obras Tymoteiel alma del carrusel – lee a viva voz entre brisas y besos de los niños; paneles interiores pintados a mano que tienen como protagonistas a los principales personajes de las exitosas historias del gigante de la animación, combinados con relieves y escenas paisajísticas que remiten a la amada Ucrania, manteniendo absolutamente la esencia… trigales y girasoles alfombran los senderos de amarillo con un tinte azulado como telón de fondo.

                Abril, acompañada por su madre Marusha-María- se acerca alegre y entusiasta  a la boletería: un diminuto espacio con la calidez de la madera color visón y rejas altas bajo un cielo de tejas rojo arcilla; paredes tapizadas con fotos…algunas acompañadas de un autógrafo; detrás de cada foto, una cinta…una historia…

                  El joven las recibe con una amable sonrisa.

                –Mañana será la inauguración oficial – imita el acento –“argentino” con una voz afable.

                – Me llamo Tymotei– Timoteo. Soy oriundo de la Ciudad de Lviv. Llegué a la República Argentina a los veinticinco años en búsqueda de un horizonte de paz, libertad y trabajo-relata con un tono visceral, repasando fuertes episodios de su vida que todavía pertenecen al ámbito del silencio, como un modo de atravesar su propio dolor-.

                – Yo nací aquí,  pero mis padres y abuelos son de Ukraina- Ucrania-, al igual que usted  Sr. Tymotei – manifiesta la pequeña.

                 -Soy un multifacético artista de corazón; ser el alma del carrusel  es un modo de llenar el vacío de mi dura niñez. Aquí  es donde tengo puesta mi vida-resalta en tono casi confidente-.

                -Sr. Tymotei siento un gran orgullo por usted -expresa  animadamente la conversadora Abril, como si en su imaginación infantil lo conociera desde siempre.

                -Un placer – dice Marusha con modesta simpleza.

                – Solodka– Dulce, te invito a ingresar y a dar la primera vuelta ahora con tu madre, sin público, si es tu deseo – le dice Tymotei, viendo el incontenible entusiasmo en su rostro.

                A Abril le deslumbra  la idea. Ríe con el alma… sus almendrados ojos celestes hablan por ella.

                -Duzhe, duzhe  diakuiu! -¡Muchas,  muchas gracias!

                A un costado, atraviesan el molinete de acceso.

                La fantasía cobra vida bajo la atenta mirada de su madre, un sube y baja de emociones.

                El joven presiona una tecla; una caja mágica- ubicada en un estante metálico- abre lentamente la compuerta, como los platillos voladores en el cine. Coloca un querido audio cassette; se activa el tapiz musical en su prístina pureza, amable al oído y al corazón… suena la bellísima y poética canción ucrania Señorita Primavera.

                Tymotei  construye, acaso sin saberlo, un inconmensurable acervo sonoro; cintas que son testimonio de una intensa pasión.

                Abril sueña  despierta. Con sus cabellos largos y lacios de fragante oro, ondulando al viento, la niña se sube a lomo de un suntuoso  corcel  ornamentado  marrón rosado… ojazos color malva llenos de sabiduría, bordeados por pestañas largas y abundantes… en su torso, hileras de mágicos cascabeles, collares luminosos de lentejuelas  como gotas de rocío y una delicada corona con pétalos de amapolas rojo carmesí… alrededor de la silla de montar, como un espejo, campanitas y gemas de cristal engalanadas con brillo de luces celeste y amarillo.

                 Marusha es llevada por su cargamento de sueños, bajo un acariciante Sol, por fértiles praderas, campos amarillos en flor y laberintos de árboles frondosos; de repente, las ramas- como por arte de magia-se parten ante ella, abriéndole el camino hacia su cálido hogar, hacia su cálida Madre Patria Ucrania. Lo imaginario y lo real forman ríos de esperanza, en una confluencia de su pasado, de su presente y de lo que no pudo ser. Llora en silencio. Extraña sus afectos.

                El carrusel inicia su viaje coronado de ilusiones.

                Con los bracitos en alto y el sueño conquistado, la niña intenta sacar la sortija con derecho a una vuelta gratis- la tradicional pera de madera-, un invento argentino de la década del año treinta, inspirado en las carreras de caballos de los gauchos.

                -A decir verdad, te regalaré cinco vueltas más

                Sï ¡ ¡Sí!- Dushe diakuiu!!!– recalca Abril- comportándose como una mujercita- pero ahora lo haré sola-se anticipa, volcando su franqueza-.

                 Se siente una verdadera reina.

                Suena un abanico de sencillas canciones infantiles ucranias de notable belleza…Gatita Negra, Bailemos La-Ba-Da, Casamiento Gatuno, Asoma La Primavera y Ku-Ku, Ku-Ku.

                Abril desciende del carrusel. No pudiendo contener su emoción- cuidada siempre con extraordinario mimo- corre a abrazar a su madre, como cuando era muy pequeñita.

                – Compensaré su cordial amabilidad obsequiándole unas deliciosas medialunas- rellenas con un corazón de semillas de amapola – de aquellaTienda de Dulces”- dice Marusha, señalando una elegante fachada en la esquina.

                Mientras tanto, Abril, suave como los besos de las brisas, se acerca a su corcel Konyk –Caballito-. Promete volver a verlo al día siguiente y muchos días más de su vida.

                -Es por ti mi más pura y simpática amistad…serás mi compañía inseparable por siempre Mii KonykMi Caballito-, le susurra al oído con calidez en su voz mientras disfruta de un glorioso alfajor de chocolate blanco y dulce de leche- elixir de niños y adultos, un lazo íntimo con nuestro ser, con nuestra infancia, con nuestro barrio, con nuestra esencia-.

                –Tus ojos tienen vida… te quiero mucho… Konyk.

                Lo abraza con fuerza como se abrazan las campanillas silvestres enredándose sin pausa entre sí en los montículos de tierra.

                Comparten un momento de despedida con un noble y sincero beso.

                Tymotei  le regala a la niña un estuche con marcadores de colores.

-Para usted señorita Abril, para que siempre siga pintando sonrisas en su hermoso rostro angelical –le dice, observándola con emoción y afecto.

-Además, le regalo un libro titulado LalechkaCrisálida (ninfa de los insectos)– para que eternamente me tenga presente.

 Abril recordaría este momento reconfortante con admiración muchos años después.

                Lalechka aborda- con un lenguaje matizado y preciso- una historia que gira como la vida, en torno a la evolución de la escritura y la importante visión del mundo del escritor  Myjailo  Kotsiubynsky (Un grande de nuestra literatura, autor de la gran obra “Sombra de nuestros antepasados olvidados. 1911. El editor J.T) Amante de la libertad, del conocimiento y de la Naturaleza en su máxima expresión,  Myjailo – Adorador del Sol y del Girasol – es el vivo retrato de sus ideales y de su espíritu. A lo largo de su trayectoria, su curiosidad vital e intelectual – tan monumental como su modestia – se sumerge en el mundo del realismo etnográfico- principios del siglo veinte- hasta convertirse, con su estilo de escritura refinado y sofisticado, en uno de los escritores impresionistas y modernistas  más talentosos de la literatura ucrania. Plasma su pasión y sensibilidad artesanal por la palabra  en cada una de sus famosas obras, cantándole a la flor del manzano, a la lavanda y a los ojos de los niños, por quienes profesa un gran amor- del mismo modo que Tymotei.  Creaciones literarias como la presente, enaltecen el legado de su memoria;  en particular, su extraordinaria intimidad con la Naturaleza… bálsamo en tiempos de aspereza y desamor.

Año 2005.

                Abril es la misma, pero treinta años después; con su vasta imaginación, camina entre recuerdos que se hacen palabras.

                Un día de tantos, una mañana de verano, con sus jóvenes y radiantes  treinta y ocho años de edad y con un desfile de sentimientos que habitan su corazón, Abril emprende un emotivo paseo por su memoria, buceando en recuerdos vivenciales; viaja en sueños al lejano país de su anhelado Sonechko, rememorando su era de esplendor y evocando las primeras impresiones de su niñez. Como una heroína de una serie de acción, sale a concretar, con tenacidad y energía, un desafío conectado al propio deseo. Su semilla de fe y su soplo de entusiasmo la cobijan en este recorrido. 

                 El día tan esperado llega.

               En su alma, un eco persistente resuena…la excitación nerviosa no la deja sosegar un momento.

                Abril siente un perfume envolvente como la luz de la aurora que entra por la ventana, tan cerca como puede estarlo una estrella de la luna. Colecciona detalles.

                 ¡Y ahí está Tymotei  como el campesino que sale a sembrar la semilla preciosa que guardó, sabiendo que la tierra le dará frutos!  Fiel a su promesa, espera a Abril con la puerta abierta y con esa sana inclinación al optimismo, en su humilde y predilecto recinto, sentado cerca de la glorieta en un banco de madera  junto a su nieta Olanna– una joven veterinaria-. Abre su rostro a una sonrisa que asegura un lugar al amor. Abril – esa eterna niña sonriente con la luz de la comprensión en sus ojos -corre y,  entre sollozos, se refugia en sus brazos, perdiéndose en las remembranzas de su alma. Ambos imaginan la fuerza de la memoria de un pasado querido agolpándose en imágenes llenas de vida. En ese abrazo, la misma esencia de carácter… recuerdos  atesorados durante años…treinta  años, para mayor precisión.

                 Una blanca y majestuosa gatita- con enormes y expresivos ojos verdosos-  custodia  el carrusel mientras que dos de sus relucientes cachorros- simpáticamente graciosos- están frente a frente, hocico frente a hocico. ¿Se hablan? ¿Qué se dicen?

                Tymotei – ahora en sus vigorosos 70 años de edad- tiene una participación impecable en una emisora de radio donde transmite un programa abocado al folclore ucranio. Su fuerza viene del amor a la vida; guarda la experiencia de los años vividos y una fuerza de voluntad cabal. Sigue adelante con Su  Sonechko. Ambos se funden en un todo.

                –Sonechko ha sido mi padre, mi madre, mi residencia, mi castillo-dice en una entrevista radial.

                La idea, sello de su nítida grandeza, se gesta cuando viaja por primera vez a la Ciudad de Mar del Plata a modo de artista invitado a la inauguración de un carrusel en un festival  veraniego. Cientos de almas asisten a la misma, junto con sus hijos, nietos, sobrinos y ahijados.

                -Asi  empecé y así seguí, con gran pasión-detalla.

                  Bajo la supervisión de Olanna,  Sonechko  comienza a girar- subrayando las marcas del pasado que siguen en sus tradicionales animalitos y artesanales juegos de biombos- agitando la bandera del paso del tiempo.

                 La magia -intacta-reaviva la llama.

                 La pieza  musical – que fluye por los parlantes- cautiva la atención de Abril. Apunta a tocar su profunda  fibra nostálgica…  una voz brillante y sedosa en el jardín de su corazón mantiene el hechizo…Señorita Primavera.

                 Observa el suntuoso  corcel.

 Su tan amado caballito- grabado en la retina para siempre- es su infancia; su placer, haber sido la primera niña en dar la vuelta en el carrusel.

                Al día siguiente…

                La sonrisa brota en cada uno de los rostros de las criaturas. Tymotei  derrama bondad;  es partícipe de esa felicidad y no permanece insensible a los que sufren alguna necesidad…los niños tienen que venir a dar la vuelta con dinero o sin él… los acompaña, los cuida, nutre sus talentos; a veces es el abuelo que no está. Cada historia cala hondo y deja huellas, a veces suele empezar con un: Sr. Timoteo, ¿podemos charlar?

                Entre espumoso  café y café, las horas placenteras de la mañana y mi sabroso  medivnyk – budín de miel tradicional ucranio – en el espacio de una vida… rondas de recuerdos con Sol releyendo Lalechka– un multipremiado libro de una sensibilidad exquisita y una belleza que encandila-.

                Los emblemáticos carruseles- sinónimos de belleza y creatividad- son espacios de arte, manifestación, reflexión, aprendizaje y esparcimiento; entran a todos los rincones del mundo cautivando a muchas generaciones. No son sólo música y recreación; son experiencias de vida que perduran en el tiempo.

                 Actualmente, las adictivas innovaciones tecnológicas con titilantes pantallas redibujan el mundo, pero el carrusel – a juzgar por la emoción que revela-  es digno de ser recordado en el contexto de un amor mágico. Para mí…es mi hogar… mi compañero de infancia… y para quienes crecimos con él, está vivo.

                ¿No debiéramos seguir siempre intentando colorear nuestros días con los rasgos de la niñez, de la ilusión, de la espera?

                ¿Existe algo más fascinante que la magia?

                El mundo gira en círculos y seguirá girando…

                Los recuerdos giran…

                Y en cada vuelta, una mirada diferente…

                ¡Sólo el Cielo es el límite!

 

                                                                                                                          IRENE SAMOWERSKYJ

Dr. Jeremías M.Taurydzkyj  (Redactor R.C.U)

 

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