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Las acciones belicistas rusas, un atentado contra el orden creado tras la Segunda Guerra

Por   | Para LA NACION

Durante las últimas semanas, los ojos de todo el mundo estuvieron puestos en Ucrania. Incrédulo, el mundo asiste a una cosa que parecía impensable en el siglo XXI: la anexión de una parte del territorio de un país situado en el corazón de Europa por parte de otro Estado vecino.

Las acciones belicistas de Rusia, que, habiendo violado de forma abrupta y grosera todas sus obligaciones en el ámbito de acuerdos bilaterales y las normas fundamentales del derecho internacional, como la soberanía y la integridad territorial de Estados, ahora ponen en peligro evidente toda la arquitectura universal que fue creada después de la Segunda Guerra Mundial. Por primera vez en 70 años, las fronteras de Europa universalmente reconocidas están siendo «rediseñadas» por un país que, de acuerdo con tratados bilaterales y multilaterales, debe ser el garante de la integridad territorial de Ucrania y de la inviolabilidad de sus fronteras.

Los acontecimientos en Crimea se desarrollaron de manera vertiginosa dando muestras claras de que fue un plan ingeniosamente elaborado desde hace algunos años. Por lo cual ya no sorprende la rapidez con que Moscú se precipitó a reconocer la nueva «República de Crimea», declarada por un «gobierno» autoproclamado a base de un «referéndum» ilegítimo y anticonstitucional, y la incorporó como parte de la Federación Rusa.

También hay evidencias claras de que el agravamiento de la situación en las regiones del este y del sur de Ucrania que se movilizaron en las últimas semanas por fuerzas separatistas fue inspirado por el «gran vecino del Norte». El trabajo subversivo está acompañado con una enorme campaña propagandística, que tergiversa de manera cínica los hechos, usa el chantaje y las amenazas, divulga mentiras abiertas y tiene por objetivo justificar la injerencia en los asuntos internos de Ucrania.

En Europa existe realmente un temor a que Crimea sea apenas el inicio de los planes expansionistas de Moscú que puedan abarcar no solamente otras partes de Ucrania, sino también regiones de otros países europeos con el falso pretexto de «proteger a los compatriotas o gente rusohablante amenazada», pues no existía ningún peligro real a las vidas ni a los derechos fundamentales de los habitantes de Crimea o de otras partes de Ucrania. Ellos no tienen ninguna dificultad de comunicarse en ruso y tienen las escuelas, entidades públicas y otros órganos funcionando en ese idioma.

La posición del mundo democrático en este conflicto fue claramente demostrada por las sanciones impuestas sobre dirigentes rusos, así como por el apoyo masivo a Ucrania en las Naciones Unidas. El 27 de marzo, la Asamblea General de la ONU aprobó la resolución «La integridad territorial de Ucrania» con mayoría absoluta de votos (100 votos a favor y apenas 11 en contra). Con esta resolución, el órgano político más representativo de las Naciones Unidas confirmó su apego a la soberanía, la independencia política, la unidad y la integridad territorial de Ucrania en conformidad con sus fronteras internacionalmente reconocidas.

Lamentablemente, el creciente aislamiento de Moscú en la arena mundial y el rotundo rechazo por todo el mundo democrático de los métodos bárbaros de agresión militar contra un Estado soberano todavía no condujeron a un efecto deseado, o sea una real baja de la tensión y la retirada de las tropas rusas de los territorios ocupados y de las fronteras ucranianas.

Sin embargo, estamos esperanzados en que las gestiones de la comunidad internacional que se unió en una amplitud jamás antes vista en su apoyo a Ucrania puedan obligar al agresor a retroceder y a sentarse a negociar, pues seguimos dispuestos a discutir todas las cuestiones de manera pacífica y sin presión externa. Por eso la decisión de iniciar las negociaciones directas con la participación de observadores internacionales nos parece un primer paso muy importante en el largo camino hacia la solución del conflicto.

Los ucranianos nunca vamos a aceptar que nos quiten partes de nuestro territorio. Seguiremos luchando en todos los frentes diplomáticos, y si fuera necesario defenderemos nuestra tierra contra los agresores con las armas en mano, pues el espíritu nacional del pueblo ucraniano frente a esta agresión está muy elevado y unido.

Pero no queremos esta guerra, queremos que nos dejen en paz para poder reconstruir nuestra economía, que está en una situación muy grave después de varios años de un gobierno corrupto. Necesitamos la paz para realizar la reforma constitucional que ya ha sido iniciada y dar más poderes a las regiones sin abdicar del principio del Estado unitario. Necesitamos la paz para conducir de manera democrática las elecciones presidenciales marcadas para el 25 de mayo próximo y volver a la normalidad institucional que le permitirá al gobierno realizar todas las reformas necesarias para superar la grave crisis económica y social.

Confiamos en que los países amigos de Ucrania continúen dando su apoyo claro e inequívoco a la integridad territorial y a la soberanía de Ucrania, condenando toda la injerencia externa en los asuntos internos de nuestro país, de acuerdo con los principios fundamentales de la Carta de la ONU y del derecho universal.

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